jueves, 17 de diciembre de 2020

Criticas eliterarias: El otoño del Petrarca

 

El otoño del Petrarca

de

Gabrielle Della Marca

 

 El inventor del realismo mágico nos deleita con esta nueva obra que recrea los postreros días del famoso poeta italiano. Situado en un pueblecito denominado Macondo del Piamonte, Gabrielle Della Marca relata, con su personalísimo estilo, el marchitar del, quizás, más grande poeta de Italia. Y digo quizás porque esto lo discute Frizt von Katze en su voluminosa obra Die Verflügung des Dichter Petrarka in bezug des Weltdichtungeinfluss. Para Frizt von Katze el más grande poeta italiano es Piero Corpuscristi, un desconocido milanés autor de los Poemi della Porca Miseria. Pero Gabrielle Della Marca no se preocupa de esta polémica y retrata los últimos días del poeta entre sus paisanos de Macondo del Piamonte. Habiendo renunciado a los hexámetros, Petrarca se dedica a jugar al tute y al dominó en el casino del pueblo. Sus compañeros, que no saben leer, le relatan durante estas partidas una serie de historias verdes que Petrarca decide escribir. Pero se le adelantó un joven que allí había, apodado Bocaccio por que no podía tener la boca cerrada, quien publicó los relatos en un libro que tituló, nadie sabe por qué, el Pecamerón. Petrarca, al enterarse del adelanto, sufre un amago de envidia y cae enfermo sólo de pensar en las liras que recibirá su competidor por las historias. Petrarca muere al fin, y la gente del lugar tarda cuatro siglos en enterarse de que era un gran poeta. Libro que demuestra que no fue por azar que el escritor Della Marca consiguiera el premio Nobel de Física.

         La editorial Grados, por gentileza de Mundadori, es quien edita este magnífico libro.

 

 

Lambert O’Really

Crítico de su majestad

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

Críticas eliterarias: Yo, robocop

 

 

Críticas eliterarias

 

Yo, robocop

de

I. Assy Mob

 

Novela futurista del maestro de la ciencia ficción I. Assy Mob, autor de la celebrada Segunda Fundición, sobre el futuro de la cultura del acero. En esta novela, una corporación construye un robot policía hecho de titanio pero recubierto de piel sintética dándole la apariencia de una persona normal. Para su formación, el prototipo fue sometido a visionar cientos de películas de policías, antiguas y recientes. Después de su entrenamiento, y cuando se le dio autonomía para actuar, el robocop, en adelante bautizado Robocop, sorprendió a todos llevando encima del uniforme un poncho mugriento porque le gustó el que llevaba el personaje de la película Por un puñado de eurobonos. También solía llevar un palillo entre los dientes y peinarse el pelo con cortinilla porque lo había visto en una peli española de una tal Torrente. Así ataviado, y poniendo en el coche a todas horas música de El Fary, Robocop apatrullaba la ciudad de Chicago en busca de malhechores. Tal era su efectividad en su labor aprehendedora que las organizaciones criminales deciden idear un plan para detenerle. Primero lo vigilan para determinar sus puntos débiles, pero muchas cosas se les escapaban, como el oír esa música extraña de un tal El Fary, que nadie conocía, o la manía de llevar poncho y una palillo super usado entre los dientes. Al final un mafioso que regentaba un burdel tuvo una idea que convenció a todos. Crear una mujer robot, Robotwoman, con salientes sicalípticos  y grandes pechos para hacer que Robocop se enamore de ella y poder controlarle. Pero no contaban con la influencia que el policía español Torrente había hecho mella en su carácter y Robocop, después de usar a Robotwoman para satisfacer sus bajos instintos invitándola en su apartamento con un tetrabrik de vino Don Simón, la despacha de casa y se va a un puticlub cercano a beber whisky y charlar con los amigos. La idea de los criminales fracasa, así que deciden otra estrategia. Investigan quién coño era El Fary y deciden resucitarlo, o al menos hacer un clon tomando muestras de su ADN, que consiguen exhumando su cadáver de un cementerio de Madrid. Pretenden que este nuevo Fary le convenza de que no ponga tanto empeño en su labor atrapa-malos y, si no lo convence, amenazarle con matar a su ídolo redivivo. Esta es la trama simplificada de la novela, pero hay más entramados, más materia psicológica y exámenes de conciencia del protagonista, como cuando se pegunta si merece la pena apatrullar una ciudad donde no existe el Atlético de Madrid ni tablaos flamencos.

            Publica NBA editores, editores de altura y famosa por meter el libro en la canasta de los más vendidos.

 

 

Lambert O´Really

Crítico de su majestad

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

Críticas eliterarias: Zen para pardillos

Zen para pardillos

De

Tiang Chin Gao

 

Acaba de aparecer un libro de nombre sugestivo y que deseo dar a conocer. En cualquier librería, si usted se acerca a la sección de libros orientales, verá un cartel que le advierte:

 

CUÍDATE DE IMITACIONES BARATAS

VEN AL VERDADERO ZEN

 

Tiang Chin Gao:

“Zen para pardillos”

 

Me imagino que ustedes están familiarizados con esa filosofía oriental que se denomina zen, esa mística de raíces budistas en la que, sentados en la posición del loto (za-zen), sus adeptos rumian acertijos paradójicos que ellos denominan koans para, con su ayuda, despejar la maraña de pensamientos que enredan la mente y, mediante un sutil golpe de percepción, alcanzar la iluminación o satori, ese nadar ontológico en las ondas de la propia nada.

            Sí, hombre, el zen es esa filosofía que ha hecho célebre el acertijo:

 

¿Cuál es el sonido de una sola mano aplaudiendo?

 

            (y al que, siendo un poquito irrespetuosos, se podía responder: ¿aplaudiendo contra qué? ¿Contra la mejilla del maestro, contra los átomos que forman esa abstracción del vacío que denominamos aire?)

            Para que se familiaricen con esta filosofía, nada más apropiado que el libro de Tiang Chin Gao que hoy les presento. Allí encontrarán anécdotas típicas de este tipo de enseñanza, como las siguientes:

 

Æ El maestro Lin Piao paseaba cierta vez por el monasterio cuando observó a un novicio que estaba meando contra un muro mientras silbaba. El maestro llamó al discípulo y le habló así:

  - Si silbas mientras meas tienes dos mentes donde una sería suficiente. Si tienes dos mentes estás en guerra contigo mismo. Si estás en guerra contigo mismo, es fácil para una fuerza externa derrotarte. Esta es la razón de que Mong-tse escribiera: “Un hombre debe destruirse primero a sí mismo antes de que otros le destruyan”.

  El discípulo asintió. A partir de entonces, cada vez que mea contra un muro, mira primero que no se halle por allí el pelma del maestro.

 

O esta otra:

 

Æ En el monasterio de Liang Shi un novicio fue a ver al maestro Chu Lin y le preguntó lleno de dudas:

  - Maestro, ¿cree que puedo llegar a alcanzar la iluminación?

  El maestro se acercó a él, le agarró los testículos con una mano y le dijo:

  - Di 33.

  - 48 -contestó el novicio con voz tomada por el dolor.

  El maestro soltó los testículos del discípulo y replicó:

  - Sí, puedes alcanzarla.

 

            El objetivo último del libro de Chin Gao es mostrar que este tipo de filosofía no sólo se encuentra en los monasterios de extremo oriente, ni la iluminación depende de ver a un maestro con un pollo muerto amarrado a la cintura, o del chasquido sigiloso de una sandalia. Chin Gao proclama que el espíritu del zen se encuentra allí donde nos topemos con paradojas que nos hagan pensar y despejar la mente. Y pone de ejemplo esa frase que pronunció Jean Cocteau:

 

Si mi casa se prendiera fuego y tuviera que salvar una única cosa, salvaría el fuego.

 

            Y aquella otra frase tan alejada del componente ovejuno de la vida conventual, que el autor vio escrita en un váter de un país extranjero:

 

 Un hombre sin Dios es como un pez sin bicicleta.

 

            Una frase, confiesa, que si no le iluminó, si consiguió quitarle el estreñimiento crónico que por aquel entonces padecía. También aprecia el autor un fondo zen en esa frase que a alguien se le ocurrió seguramente en un momento de inspiración:

 

Túmbate, creo que te amo

 

            Frase, si no digna de conseguir la iluminación, sí al menos un orgasmo.

            Para Chin Gao da igual que el zen se manifieste en los monasterios o en un retrete. El lugar no cuenta, ni las circunstancias. A lo largo del libro el autor se recrea con historias que parecen estar dirigidas, o elucubradas por, parvenús del conocimiento, lo que coloquialmente se conoce como “pardillos”. Pues esa es la impresión que dan tanto los novicios como los maestros que se consagran con tanto ahínco a darse en diálogos sin sentido. “¿Quién puede dudar”, nos dice el autor en su prólogo, “que los ejemplos que nos proporciona este tipo de enseñanza es de una simplicidad de pardillo, simplicidad que permite normalmente al aspirante alcanzar la iluminación?”

Este libro de título honesto recoge los mejores diálogos de la tradición budista zen. En Zen para pardillos podréis disfrutar con historias de corte paradójico y además, si tenéis suerte, y constancia, alcanzar la iluminación. Porque no se engañe el lector, todos somos pardillos de la vida, que sabe más y tiene la costumbre de dejarnos mostrando nuestras pudibundeces filosóficas a la menor ocasión.

            Compra este libro, no seas pardillo, no dejes pasar esta oportunidad. Y si lo eres, esto es, un pardillo, cómpralo con mayor razón, pues va dirigido a ti.

           

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Oximorónica

 

 

Oximorónica

 

El oxímoron es una expresión que une dos conceptos antagónicos. Fue muy comentado en su día la expresión “inteligencia militar”, en opinión de muchos una contradicción de términos. O se es inteligente o militar. Con menos ironía, pero no menos ciertas, hoy os presento con unas cuantas expresiones de este tipo.

 

. Secreto en público (o en boca de todos)

. Pequeña multitud

. Actuar natural

. Completamente vacío

. Copia original

. Su única opción

. Gas líquido

 

Y uno de los que más me gustan:

 

. Pan de gasolinera casero

 

 

Lambert O’Really

Oximoronista mayor del reino

 



lunes, 19 de octubre de 2020

Críticas eliterarias: Crónicas murcianas

 

 

Críticas eliterarias

 

Crónicas murcianas

de

Ray Joy Braburi

 

Serie de relatos sobre una tierra seca y yerta, un paisaje de canales secos, un planeta rojo de ira y ocre de color. Los mares que parecen divisarse desde el aire, son mares de plástico, plásticos que recubren los cultivos intensivos de pimientos rojos como la tierra, rojos, y azules como la política, azules.

Los relatos que contiene el libro pertenecen, más que a la ciencia ficción, a la caradura ficción, por no decir que a la política ficción, también llamada prevaricación. Fueron escritos cuando se creía que había vida en Murcia. Hoy las historias han perdido mordiente al saberse que allí sólo habitan constructores y los paisajes desolados son urbanizaciones sin agua y campos de golf que se mantienen con la orina de los jugadores. En una de las historias, titulada “la sombra del campo de golf es alargada”, un constructor se topa con un lugareño que le pregunta por qué construye un campo de golf si sabe que no hay agua, ni hierba, ni ganas, ni nada. El constructor, entonces, saca un maletín y soborna al lugareño con un montón de dinero para que declare a las autoridades que cerca de allí manan manantiales parleruelos y los pozos producen agua a raudales. El lugareño se niega y es acusado de entorpecer el progreso de la nación, la puta nación, y es denunciado ante las autoridades, que amenazan con encarcelarle, por lo menos hasta que se apruebe el plan que declare las marismas y desiertos, solar urbanizable. Su única vía de escapar del castigo es firmar una petición para un trasvase interplanetario que les permita usar el agua de un planeta cercano, llamado Arrakis-Monegrón. El lugareño así lo hace, pero resulta que pertenece a la brigada anticorrupción de la galaxia. El constructor es juzgado pero los jueces lo dejan libre de culpa y de parné. Termina la historia con el constructor caminando por un erial, pensando en la promoción de los dos millones de chalets que no tendrá lugar, y viendo en imaginario la bonita proyectada urbanización con su agua de espejismos y su riego mental, que es lo que les falta a los constructores: riego mental. El final, con el constructor muriendo de sed entre las dunas de la parcela, es ejemplar.

El resto de las historias sigue el mismo patrón, lo que provoca cansancio en el lector, harto de tanto trapicheo y tanto desbarajuste ecológico. La editorial Trasvasera-PP, con sede en la calle Génova, ofrece junto con el libro un DVD de lavado de cerebro gratuito. Gratuito el DVD, no el lavado de cerebro que, como suele suceder, se paga muy caro.

 

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad

martes, 15 de septiembre de 2020

Críticas eliterarias: Dietética para Amador

 

Dietética para Amador

de

Fernando Sibaritier

 

Por medio de supuestos consejos para su hijo de cinco años, el autor propone al lector una nueva dietética que deje atrás las papillas y los potitos y se adentre en la cocina del pescado azul y las legumbres castellanas. Sin transición, sin período de aclimatación, este autor propugna el abandono de los hábitos culinarios infantiles en favor de un nuevo tipo de casticismo gastronómico. Con ejemplos tomados de la literatura juvenil: el jarabe de regaliz de Guillermo Brown, la dieta de tigre de Sandokán, los pasteles de pulpo del Capitán Nemo, trata el autor de aconsejar a sus infantiles lectores de la conveniencia de la dieta propia del aquí y ahora.

Aprovechando este dietario de guardería, se explaya también el autor en la nueva comida de diseño, para la que tiene palabras elogiosas, pero sin sabor. Sorprende en un autor que no mucho ha se distinguía por defender la comida basura que se pase tan de repente a preconizar una dieta basada en las legumbres, el pescado azul y los yogures desnatados. No nos convence tan drástico cambio, creemos que obedece a intereses pecuniarios solamente. Aconsejamos su lectura sólo si ésta tiene lugar comiendo pizza de encargo o hamburguesas plastificadas, que es el futuro, pese a los vascos y Ferrán Adriá, y este libro.

Edita Alfalfaguara, que sirve de pesebre para muchos autores ya sin talento pero con talante.

 

Lambert O’Really

Crítico de su majestad

domingo, 30 de agosto de 2020

Críticas eliterarias: Un yonqui en la cohorte del rey Arturo

 Críticas eliterarias: 

Un yonqui en la cohorte del rey Arturo

(Análisis lisergicoloquial)


Novela de ficción del joven narrador mellizo Mark Twin que cuenta el hipotético viaje de un yonqui del siglo XX a la medieval Camelot, ciudad amurallada y adelantada del medievo, donde la movida se reunía en la taberna La Tabla Redonda. Allí acudían Lancelot (por cierto, que se ponía ciego de Ginebra) y Sir Gauntlet, e incluso el renombrado Rey Arturo aparecía de vez en cuando por allí. Por medio de una sobredosis de lisérgico, un yonqui neoyorquino rompe la barrera del tiempo cae en un agujero de gusano que le traslada a la antigua Camelot. Aterriza el enganchao sobre un establo, entre caballos, y lamenta el pobre, con mono, que los jacos no fueran otro tipo. Hecho una piltrafa, desaliñado y sucio, sale a las calles de Camelot donde su aspecto, harapiento, no destaca del resto de ciudadanos que pululan por las enfangadas calles. Con temblores de abstinencia se dirige el neo yonquino a un labriego, un campesino de jubón ibérico, y le pide un pico, y el pardal le da una azada. El yonqui sigue su camino hasta que llega a la taberna La Tabla Redonda. Allí pide una Fanta y sírvenle un brebaje de lúpulo inmundo, como a todos. Curioso, Lancelot, apestando a Ginebra, se le arrima y le pregunta de dónde viene. Habla el zagal de Nueva York y los curiosos le responden que no sabían que la vieja York hubiera sido destruida. Preguntado por sus habilidades, el chico entiende debilidades y cuéntales su dependencia del caballo. Tomado por un gran jinete, y ayudado por la embriaguez de los presentes, es nombrado allí mismo caballero y miembro de la cohorte del Rey Arturo, a quien le presentan luego en el castillo. El Rey Arturo, durante la entrevista. no dejaba de mirar con recelo a su bella Ginebra, siempre con el moscardón de Lancelot revoloteando a su alrededor. Cáele en gracia el recién llegado a Arturo y le agasaja. Enterado el rey que en su patria lejana le llamaban yonqui, ordena que le compongan un himno en su honor, compuesto con gaitas y ocarina, himno que con el tiempo pasó a denominarse “Yonqui Doodle”. Así vive regalado un tiempo el trasportado por el idem. Un buen día, el pobre yonqui, mientras paseaba por el extrarradio de Camelot buscando paja reseca o cualquier sustancia fumable o inyectable, vio que una dama estaba a punto de ser violada por Sir Gauntlet, mano derecha de Sir Lancelot y guante izquierdo de metal. El drogota, inocente, le amenaza con decírselo a Arturo. Sir Gauntlet interrumpe su diversión pero le desafía lanzándole el guante izquierdo, que le pega al joven en la ceja, partiéndosela. Impedir, impide la violación, pero gana puntos, doce puntos que han de darle en la ceja en la Cruz Bermeja de Camelot. A partir de ese incidente el yonqui cae en desgracia y pasa a ser despreciado por la movida, que le tacha de yonquijote y comienzan a decirle: “Yonqui go home”, cosa que el pobre enganchao logra al final de la novela merced a un tipo llamado Merlin Leroy, quien tenía una tienda de utensilios de labranza, tienda que era tapadera de un lucrativo negocio de pociones y ungüentos que te hacían viajar. Comedia que su autor, John Stoned, reconoce haber recibido de unos extraterrestres que le abdujeron mientras viajaba a lomos de jaco blanco. Divertida y aleccionadora, la novela se vende con una china de hachís afgano (auténtico).  

Lambert O’Really

Crítico de su majestad