domingo, 5 de marzo de 2023

Artistas extravagrandes II

 

El pintor Eduard Munch, cuando se hizo famoso, desarrolló la manía de que los extraños eran policías secretos enviados para seguirlo. Tenía ataques de parálisis, a veces se le dormía una pierna o un brazo. Al final, sus amigos lo llevaron a un hospital a la afueras de Copenhague. Los médicos le diagnosticaron pa­rálisis alcohólica, resultado de los daños que provocó el envenenamiento por alcohol en su sistema nervioso. Después de un tratamiento con baños de barro ca­liente y pequeñas descargas eléctricas, Munch salió de la clínica sobrio por primera vez en el último cuarto de siglo. Se trasladó a Noruega y se instaló en una gran casa en la costa, de la que en muy raras ocasiones salía para vagar por las calles. Cuando su hermana Laura murió, en 1926, Munch presenció el funeral escondido detrás de los árboles del cementerio.

domingo, 12 de febrero de 2023

Artistas extravagrandes

Artistas extravagrandes

En otra ocasión el músico norteamericano John Cage tomó la partitura de Vexations, una pieza que Satie había escrito a finales del siglo XIX, y a la que había añadido una especie de consejo o sugerencia, probablemente como una burla: "Para ejecutar esta pieza 840 veces seguidas, lo mejor es pre­pararse en silencio y en la más absoluta inmovilidad". Seguramente Satie nun­ca imaginó que alguien se tomaría en serio su sugerencia, y mucho menos que alguien estuviera dispuesto a seguirla al pie de la letra. Pero Cage sí estaba dispuesto. El 9 de septiembre de 1963, con la ayuda de otra docena de pianistas, Cage interpretó la pieza 840 veces seguidas. El concierto duró desde las seis de la tarde del 9 hasta el mediodía del 10 de septiembre: 18 horas y 40 minutos en total. 

viernes, 20 de enero de 2023

Las manoplas de Bernie Sanders

  

Las manoplas de Bernie Sanders

 

Si hay una imagen icónica de la investidura del Presidente Joe Biden es la foto en la que aparece Bernie Sanders sentado y con manoplas de lana cruzadas sobre el estómago. Ver foto:

 


Fue una ceremonia presidida por el frío, tanto ambiental como político. Fue un enero frío y no hacía mucho unos fascistas alentados por Donald Trump habían asaltado el Capitolio. Bernie, como le llaman los amigos, parece meditar en lo frágil que puede ser la democracia. Y eso hace que el frío que siente sea doble. O triple. El abrigo se ve apropiado para soportar las gélidas temperaturas de enero, pero no así los zapatos, zapatos con cordones más propios de una soirée sobre alfombras mullidas. Pero el toque indiscutible, lo que ha hecho a esta fotografía un icono moderno son las manoplas. De lana, con dibujos navideños, probablemente un regalo de sus nietos o de sus hijas diciendo que son de sus nietos. Si hubiera tenido abuela, lo cual no parece plausible dada la edad del retratado, ésta podría haberle tejido las manoplas personalmente. Ya sabemos cómo son las abuelas con el punto y las prendas de abrigo. También es de destacar la cutrez de la silla, una silla de chiringuito o de playa. Y la soledad. No hay nadie a su lado. Era la tónica dominante durante la investidura. Poca gente, desperdigada, con mucha policía y ejército vigilando que los trumpistas no la volvieran a armar. Para un abuelo como Bernie, coger frío en esa situación podría ser grave. Ya no está para muchos trotes. Pero está a la moda. Mira por donde, su foto, sus manoplas, eclipsaron todo el resto del acto. Dentro de mucho tiempo, nadie se acordará de la poesía de Amanda Gorman, del cordón policial, del sonriente nuevo presidente, pero nos quedará la memoria de las manoplas de Bernie Sanders. ¿Cuál es el mensaje que quiere transmitirnos? Las manoplas son el mensaje.

 

 

LG/16.01.23

 

 

 

 

 


domingo, 1 de enero de 2023

Los tres castigos chinos

 

Los tres castigos chinos

Fang Shu llega una noche a una posada del reino de Qi y pregunta al dueño si tiene cuarto para pasar la noche. El dueño, un anciano de 120 años, le
responde que sólo tiene un cuarto libre, en el tercer piso junto al cuarto de
su hija, y se lo ofrece, no sin antes advertirle que si se acercaba a su
hija, la bella Shan Li, le aplicaría los tres castigos chinos. Fang Shu le
aseguró que no pasaría nada y aceptó el cuarto. A la hora de la cena, bajó
por la escalera una chinita de unos 16 años de edad, muy guapa y sensual. Era Shan Li. Durante toda la cena la bella hija del posadero no dejó de mirar a Fang Shu y éste no podía dejar de pensar en la amenaza del
anciano.

Por la noche, Shan Li se presentó en el cuarto de Fang Shu. Éste, pese a las recomendaciones del hospedero, no pudo resistir la tentación. Después de holgar juntos durante una hora, Shan Li se retiró a sus aposentos y Fang Shu se quedó plácidamente dormido.

Al despertar, Fang Shu notó cierta opresión en el pecho y, sorprendido, descubrió que tenía una roca de gran tamaño encima. La roca tenía adjunto un papel que decía: "Plimel castigo chino: loca encima de cuelpo". Fang Shu consideró que si eso era lo peor que podía hacerle el pobre anciano, no iba a haber mayores problemas. Fang Shu se levantó, cargó con la roca y la tiró por la ventana. Al tirar la roca por la ventana vió que había otra nota pegada en el marco que, en letras perfectamente legibles, decía: "Segundo castigo chino: loca amalada a huevo delecho".

Fang Shu, al ver que la cuerda ya estaba llegando al punto en que más se estiraría, no se lo pensó dos veces y se tiró por la ventana. Mejor un par
de huesos rotos que un huevo menos, convino. Ya en plena caída, Fang Shu vio un gran cartel sobre el suelo del patio que decía: "Telcer castigo chino:
huevo izquieldo amalado a pata de cama".

jueves, 15 de diciembre de 2022

El último Mesías

 

El último Mesías

En "El último Mesías" de Zapffe, la figura titular aparece al final y hace el siguiente pronunciamiento burlonamente socrático y bíblicamente paródico: «Conoceos a vosotros mismos: sed infértiles y dejad la tierra en silencio tras vuestra paso». Según imagina Zapffe la escena, las palabras del último Mesías no serán bien recibidas: «y cuando hubo hablado, todos se abalanzaron en tropel sobre él, encabezados por los fabricantes de chupetes y las comadronas, y le enterraron en la uñas de sus dedos». Semánticamente hablando, el último Mesías no es un mesías, porque no salva a nadie y es borrado de la memoria humana por un grupo vigilante cuyos cabecillas son «los fabricantes de chupetes y las comadronas». Por otra parte, una resurrección parece lo menos probable en el futuro del último Mesías.

(Ligotti, Thomas, La conspiración contra la especie humana)

lunes, 21 de noviembre de 2022

Salteado de curiosidades pseudoludoliterariolingüísticas XXXI

 

Salteado de curiosidades

pseudoludoliterariolingüísticas

XXXI

 

¨ Gramática pesada

Refiere Umberto Eco esta fábula singular: “Tres profesores estaban sentados, consultando sobre cómo perfeccionar el idioma de su país. El primer proyecto era abreviar el discurso reduciendo los polisílabos a una sílaba y eliminando verbos y adjetivos, porque en realidad todas las cosas que pueden imaginarse no son sino nombres. El otro proyecto era un esquema para suprimir completa y absoluta­mente todas las palabras; y esto se recomendaba encarecidamente como un gran beneficio desde el punto de vista de la salud y la brevedad, pues es evidente que cada palabra que hablamos significa en cierta medida la disminu­ción de los pulmones por desgaste, y por tanto contribuye a acortar nues­tra vida. Se ofrecía por tanto una solución, y era que, como las palabras son sólo nombres de cosas, sería más práctico que todos los hombres llevaran encima las cosas que necesitaran para expresar concretamente aquello de lo que tuvieran que hablar”.

jueves, 27 de octubre de 2022

Salteado de curiosidades pseudoludoliterariolingüísticas XXX

 

Salteado de curiosidades

pseudoludoliterariolingüísticas

XXX

 

§ El escritor B. Traven, autor de libros como El tesoro de Sierra Madre o El puente en la selva, continúa siendo, auin después de su muerte, un completo misterio. No se sabe dónde nació ni él quiso aclararlo nunca. Para algunos, el novelista que decía llamarse B. Traven era norteamericano, nacido en Chicago. Para otros se trataba de Otto Feige, escritor alemán que habría tenido proble­mas con la justicia a causa de sus ideas anarquistas. Pero también se decía que en realidad era Maurice Rethenau, hijo del fundador de la multinacional AEG. Exaltados hubo que lo hacían hijo del káiser Guillermo II.