domingo, 18 de junio de 2023

Artistas extravagrandes VIII

 

Artistas extravagrandes VIII

 

 Leonora Carrington, pintora muy cercana al movimiento surrealista, era conocida tanto por sus rarezas como por sus ojos enfermos de lejanía. Cierta vez unas personas respetables la invitaron a cenar en un restaurante de lujo. Sentados todos a la mesa, Leonora Carrington, comentando como de forma casual que no se debería comer sino luz o fuego, se descalzó y, sin que hirviera en su corazón vergüenza loca,  se embadurnó los pies con mostaza.


martes, 30 de mayo de 2023

Artistas extravagrandes VI

 

Artistas extravagrandes VI

 

El 12 de agosto de 1961, Piero Manzoni, artista italiano pasado de realidad, con ocasión de una exposición en la galería Pescetto, presentó unas cajitas que tituló “Mierda de artista” (Merda d’Artista). Las cajitas (noventa en total, rigurosamente numeradas), de unos 30 gramos, contenía enlatada su propia mierda y las vendía por su peso a precio de oro, según la cotización del día. Hoy esas cajitas “de mierda” se han revalorizado más que el precioso metal al que estuvo ligado su precio inicial. Otra de las “genialidades” de este extravagante artista consistía en hinchar globos con su aliento y el resultado era una obra de arte titulada: “Aliento de artista”.

Toda una estética de la dislocación que no carece de l’ostinato rigore que predicara Leonardo.

jueves, 4 de mayo de 2023

Artistas extravagrandes V

 

Artistas extravagrandes V

Andy Warhol tenía un método peculiar para mantenerse a dieta. Cuando iba a un restaurante pedía todo lo que no le gustaba, por lo que se dedicaba a hurgar en la comida mientras los otros comían. Pero al terminar le pedía al camarero que se lo preparaba como comida para llevar, comida que al salir del restaurante dejaba tirada en una esquina porque, según él, en Nuevo York mucha gente pasaba hambre.

Warhol, al hablar de su vida, solía dar información distinta a los distintos medios a los que se la daba. Preguntado por esa rareza, contestaba que así sabía de qué medio procedía la información que tenían sus conocidos. Ello le informaba de qué leían los que se encontraban con él.

              Hasta que le dispararon, Warhol tenía la impresión de que siempre estaba viendo la televisión en ver de vivir una vida real.

  Creía que el sólo hecho de vivir era suficiente trabajo. Nacer era para él como haber sido secuestrado y luego vendido como esclavo, pues nunca se deja de trabajar, incluso cuando se duerme.

También consideraba trabajo el tener sexo, es decir, el estar revestido con una conciencia sexual. Lo que no sabía muy bien era si resultaba más trabajo para un hombre ser un hombre, para un hombre ser una mujer, para una mujer ser una mujer o para una mujer ser un hombre. No lo sabía, pero por lo que observaba decía que los que se consideraban más trabajadores eran los hombres que intentaban ser mujer, porque trabajaban el doble al no saber a qué carta quedarse: afeitarse o no afeitarse, flirtear o no flirtear, comprarse un tipo de ropa u otro, etc.

              Warhol aseguraba que su tarea favorita era comprarse ropa interior. Aseguraba que si veías a una persona comprar su ropa interior, la comprenderías mejor. Decía que prefería ver a un famoso comprar su ropa interior que leer un libro que hubiera escrito. No entendía a esas personas que enviaban a otro a comprar su ropa interior. Podía entender no llevar ropa interior, pero ¿no comprarla? Para Warhol nada se podía comparar a comprar ropa interior.

viernes, 21 de abril de 2023

Artistas extravagrandes IV

 

Artistas extravagrandes IV

 Al pintor austriaco Gustav Klimt no le gustaba viajar fuera de su país, por lo que solía evitarlo. Para hacerlo salir del país se le planificó un viaje a Italia. Amigos del pintor le meterían en el tren y en Florencia le esperaría su amigo Carl Moll. El tren llegó, y Moll estuvo esperando al otro lado de la barrera mientras los pasajeros iban bajando, pero no se veía a Klimt por ninguna parte. Moll empezó a buscarlo por la estación, y al final lo encontró sen­tado, con su maleta, en la sala de espera. Cuando se le preguntó qué habría hecho si Moll no lo hubiera encontrado, Klimt contestó que se habría subido al próximo tren de regreso a casa.

A Klimt no le gustaba que lo interrumpieran mientras trabajaba y se negaba a que sus amigos fueran a su estudio. En lugar de eso, recibía visitas a la hora del desayuno, una práctica que acabó convirtiéndose en ritual. Cada mañana Klimt caminaba a buen paso hasta el café Tivoli, del que era cliente asiduo. Se le servía un suculento desayuno al que él añadía, según un observador, «chorros de nata montada». A los amigos se les permitía dejarse caer por allí para charlar, pero después de eso el artista regresaba sólo a su estudio, donde trabajaba sin interrupción hasta la hora de la cena.

martes, 4 de abril de 2023

Artistas extravagrandes III

 

Artistas extravagrandes III

Edward Hopper era un hombre taciturno y silencioso. Su mujer Jo llevaba las cuentas y posaba para él en todas sus figu­ras femeninas, pero su relación no era buena. La parlanchina Jo encon­traba aburrido al silencioso Hopper. A pesar de que cuando la cortejaba había admirado su independencia, esperaba Hopper que su es­posa se transformara en un ama de casa tradicional. Aunque su esposa también era pintora, Hopper no respetaba su talento y mostraba su desprecio diciendo públicamente que ella -y todas las mujeres artistas- era una inepta. Al parecer Edward Hopper le pegaba a su esposa, pero ella le de­volvía los golpes. Jo se quejaba de que su marido era el que más pegaba porque tenía los brazos más largos, pero su mujercita no dudaba en asestarle arañazos y mordiscos.

domingo, 5 de marzo de 2023

Artistas extravagrandes II

 

El pintor Eduard Munch, cuando se hizo famoso, desarrolló la manía de que los extraños eran policías secretos enviados para seguirlo. Tenía ataques de parálisis, a veces se le dormía una pierna o un brazo. Al final, sus amigos lo llevaron a un hospital a la afueras de Copenhague. Los médicos le diagnosticaron pa­rálisis alcohólica, resultado de los daños que provocó el envenenamiento por alcohol en su sistema nervioso. Después de un tratamiento con baños de barro ca­liente y pequeñas descargas eléctricas, Munch salió de la clínica sobrio por primera vez en el último cuarto de siglo. Se trasladó a Noruega y se instaló en una gran casa en la costa, de la que en muy raras ocasiones salía para vagar por las calles. Cuando su hermana Laura murió, en 1926, Munch presenció el funeral escondido detrás de los árboles del cementerio.

domingo, 12 de febrero de 2023

Artistas extravagrandes

Artistas extravagrandes

En otra ocasión el músico norteamericano John Cage tomó la partitura de Vexations, una pieza que Satie había escrito a finales del siglo XIX, y a la que había añadido una especie de consejo o sugerencia, probablemente como una burla: "Para ejecutar esta pieza 840 veces seguidas, lo mejor es pre­pararse en silencio y en la más absoluta inmovilidad". Seguramente Satie nun­ca imaginó que alguien se tomaría en serio su sugerencia, y mucho menos que alguien estuviera dispuesto a seguirla al pie de la letra. Pero Cage sí estaba dispuesto. El 9 de septiembre de 1963, con la ayuda de otra docena de pianistas, Cage interpretó la pieza 840 veces seguidas. El concierto duró desde las seis de la tarde del 9 hasta el mediodía del 10 de septiembre: 18 horas y 40 minutos en total.