martes, 7 de agosto de 2018

¿Cuánto vale el patriotismo?


¿Cuánto vale el patriotismo? ¿Cuánto vale una bandera? Un trozo de tela con franjas de colores o con barras y estrellitas, como gustéis, y dependiendo de la dificultad del trazado, puede costar entre cinco y diez euros. No más. Sin embargo, estos trapos de colores, enarbolados por imanes, sacerdotes y políticos, cuestan muchas vidas, millones de vidas. Sí, su valor es mínimo, pero el coste tremendo. ¿Qué puede incluir un trozo de tela para que al ser ondeada frente a ciudadanos normales y corrientes, éstos corran a armarse y morir y matar por ella? ¿Existirá también en este objeto aparentemente ornamental una transubstanciación como la que opera en la hostia consagrada al transformarse en el cuerpo de Cristo? Y en este caso, ¿qué se supone que se introduce en la bandera? ¿La idea de la patria, el espíritu de la libertad, la demencia vengativa? ¿Qué puede insuflar a un pedazo de trapo el valor simbólico que ocasiona guerras y muertes por doquier? Hay quien dice que la bandera representa a la patria. ¿Y qué es la patria? Un concepto vacío, una sublimación del concepto nación, territorio donde ciertos bípedos comparten idioma, costumbres y religión. Si yo sacase mi pañuelo, lo enarbolara por encima de mi cabeza y pidiera a la gente que me rodea que me siguiese para acabar con un barrio vecino, ¿no me tomarían por loco? Nadie me seguiría. O a lo mejor algún borrachín, un amargado o algún violento. Pero la mayoría me tildaría de chalado. Pero si en vez de ser un pañuelo blanco, el pedazo de tela hubiera tenido determinados colores y alguien desde una tribuna o un púlpito pidiera a esa misma gente que se agrupasen bajo esa enseña, se armasen y se dirigieran contra un pueblo vecino con diferente enseña, la gente les seguiría enardecida. Dejarían a sus familias para defender el odio a los otros, a veces, es verdad, odio correspondido por esos otros. Y no se darían cuenta, tal era su ardor bélico, que quienes les incitan a matarse no les acompañan, se quedan detrás para hacer las cuentas. Sí, tenía razón el doctor Johnson cuando dijo que el patriotismo es el último refugio de un canalla. Y la primera trampa de la plebe embrutecida, añadiría yo.

Zaragoza, 8 de agosto de 2018