jueves, 17 de diciembre de 2020

Criticas eliterarias: El otoño del Petrarca

 

El otoño del Petrarca

de

Gabrielle Della Marca

 

 El inventor del realismo mágico nos deleita con esta nueva obra que recrea los postreros días del famoso poeta italiano. Situado en un pueblecito denominado Macondo del Piamonte, Gabrielle Della Marca relata, con su personalísimo estilo, el marchitar del, quizás, más grande poeta de Italia. Y digo quizás porque esto lo discute Frizt von Katze en su voluminosa obra Die Verflügung des Dichter Petrarka in bezug des Weltdichtungeinfluss. Para Frizt von Katze el más grande poeta italiano es Piero Corpuscristi, un desconocido milanés autor de los Poemi della Porca Miseria. Pero Gabrielle Della Marca no se preocupa de esta polémica y retrata los últimos días del poeta entre sus paisanos de Macondo del Piamonte. Habiendo renunciado a los hexámetros, Petrarca se dedica a jugar al tute y al dominó en el casino del pueblo. Sus compañeros, que no saben leer, le relatan durante estas partidas una serie de historias verdes que Petrarca decide escribir. Pero se le adelantó un joven que allí había, apodado Bocaccio por que no podía tener la boca cerrada, quien publicó los relatos en un libro que tituló, nadie sabe por qué, el Pecamerón. Petrarca, al enterarse del adelanto, sufre un amago de envidia y cae enfermo sólo de pensar en las liras que recibirá su competidor por las historias. Petrarca muere al fin, y la gente del lugar tarda cuatro siglos en enterarse de que era un gran poeta. Libro que demuestra que no fue por azar que el escritor Della Marca consiguiera el premio Nobel de Física.

         La editorial Grados, por gentileza de Mundadori, es quien edita este magnífico libro.

 

 

Lambert O’Really

Crítico de su majestad

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

Críticas eliterarias: Yo, robocop

 

 

Críticas eliterarias

 

Yo, robocop

de

I. Assy Mob

 

Novela futurista del maestro de la ciencia ficción I. Assy Mob, autor de la celebrada Segunda Fundición, sobre el futuro de la cultura del acero. En esta novela, una corporación construye un robot policía hecho de titanio pero recubierto de piel sintética dándole la apariencia de una persona normal. Para su formación, el prototipo fue sometido a visionar cientos de películas de policías, antiguas y recientes. Después de su entrenamiento, y cuando se le dio autonomía para actuar, el robocop, en adelante bautizado Robocop, sorprendió a todos llevando encima del uniforme un poncho mugriento porque le gustó el que llevaba el personaje de la película Por un puñado de eurobonos. También solía llevar un palillo entre los dientes y peinarse el pelo con cortinilla porque lo había visto en una peli española de una tal Torrente. Así ataviado, y poniendo en el coche a todas horas música de El Fary, Robocop apatrullaba la ciudad de Chicago en busca de malhechores. Tal era su efectividad en su labor aprehendedora que las organizaciones criminales deciden idear un plan para detenerle. Primero lo vigilan para determinar sus puntos débiles, pero muchas cosas se les escapaban, como el oír esa música extraña de un tal El Fary, que nadie conocía, o la manía de llevar poncho y una palillo super usado entre los dientes. Al final un mafioso que regentaba un burdel tuvo una idea que convenció a todos. Crear una mujer robot, Robotwoman, con salientes sicalípticos  y grandes pechos para hacer que Robocop se enamore de ella y poder controlarle. Pero no contaban con la influencia que el policía español Torrente había hecho mella en su carácter y Robocop, después de usar a Robotwoman para satisfacer sus bajos instintos invitándola en su apartamento con un tetrabrik de vino Don Simón, la despacha de casa y se va a un puticlub cercano a beber whisky y charlar con los amigos. La idea de los criminales fracasa, así que deciden otra estrategia. Investigan quién coño era El Fary y deciden resucitarlo, o al menos hacer un clon tomando muestras de su ADN, que consiguen exhumando su cadáver de un cementerio de Madrid. Pretenden que este nuevo Fary le convenza de que no ponga tanto empeño en su labor atrapa-malos y, si no lo convence, amenazarle con matar a su ídolo redivivo. Esta es la trama simplificada de la novela, pero hay más entramados, más materia psicológica y exámenes de conciencia del protagonista, como cuando se pegunta si merece la pena apatrullar una ciudad donde no existe el Atlético de Madrid ni tablaos flamencos.

            Publica NBA editores, editores de altura y famosa por meter el libro en la canasta de los más vendidos.

 

 

Lambert O´Really

Crítico de su majestad

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

Críticas eliterarias: Zen para pardillos

Zen para pardillos

De

Tiang Chin Gao

 

Acaba de aparecer un libro de nombre sugestivo y que deseo dar a conocer. En cualquier librería, si usted se acerca a la sección de libros orientales, verá un cartel que le advierte:

 

CUÍDATE DE IMITACIONES BARATAS

VEN AL VERDADERO ZEN

 

Tiang Chin Gao:

“Zen para pardillos”

 

Me imagino que ustedes están familiarizados con esa filosofía oriental que se denomina zen, esa mística de raíces budistas en la que, sentados en la posición del loto (za-zen), sus adeptos rumian acertijos paradójicos que ellos denominan koans para, con su ayuda, despejar la maraña de pensamientos que enredan la mente y, mediante un sutil golpe de percepción, alcanzar la iluminación o satori, ese nadar ontológico en las ondas de la propia nada.

            Sí, hombre, el zen es esa filosofía que ha hecho célebre el acertijo:

 

¿Cuál es el sonido de una sola mano aplaudiendo?

 

            (y al que, siendo un poquito irrespetuosos, se podía responder: ¿aplaudiendo contra qué? ¿Contra la mejilla del maestro, contra los átomos que forman esa abstracción del vacío que denominamos aire?)

            Para que se familiaricen con esta filosofía, nada más apropiado que el libro de Tiang Chin Gao que hoy les presento. Allí encontrarán anécdotas típicas de este tipo de enseñanza, como las siguientes:

 

Æ El maestro Lin Piao paseaba cierta vez por el monasterio cuando observó a un novicio que estaba meando contra un muro mientras silbaba. El maestro llamó al discípulo y le habló así:

  - Si silbas mientras meas tienes dos mentes donde una sería suficiente. Si tienes dos mentes estás en guerra contigo mismo. Si estás en guerra contigo mismo, es fácil para una fuerza externa derrotarte. Esta es la razón de que Mong-tse escribiera: “Un hombre debe destruirse primero a sí mismo antes de que otros le destruyan”.

  El discípulo asintió. A partir de entonces, cada vez que mea contra un muro, mira primero que no se halle por allí el pelma del maestro.

 

O esta otra:

 

Æ En el monasterio de Liang Shi un novicio fue a ver al maestro Chu Lin y le preguntó lleno de dudas:

  - Maestro, ¿cree que puedo llegar a alcanzar la iluminación?

  El maestro se acercó a él, le agarró los testículos con una mano y le dijo:

  - Di 33.

  - 48 -contestó el novicio con voz tomada por el dolor.

  El maestro soltó los testículos del discípulo y replicó:

  - Sí, puedes alcanzarla.

 

            El objetivo último del libro de Chin Gao es mostrar que este tipo de filosofía no sólo se encuentra en los monasterios de extremo oriente, ni la iluminación depende de ver a un maestro con un pollo muerto amarrado a la cintura, o del chasquido sigiloso de una sandalia. Chin Gao proclama que el espíritu del zen se encuentra allí donde nos topemos con paradojas que nos hagan pensar y despejar la mente. Y pone de ejemplo esa frase que pronunció Jean Cocteau:

 

Si mi casa se prendiera fuego y tuviera que salvar una única cosa, salvaría el fuego.

 

            Y aquella otra frase tan alejada del componente ovejuno de la vida conventual, que el autor vio escrita en un váter de un país extranjero:

 

 Un hombre sin Dios es como un pez sin bicicleta.

 

            Una frase, confiesa, que si no le iluminó, si consiguió quitarle el estreñimiento crónico que por aquel entonces padecía. También aprecia el autor un fondo zen en esa frase que a alguien se le ocurrió seguramente en un momento de inspiración:

 

Túmbate, creo que te amo

 

            Frase, si no digna de conseguir la iluminación, sí al menos un orgasmo.

            Para Chin Gao da igual que el zen se manifieste en los monasterios o en un retrete. El lugar no cuenta, ni las circunstancias. A lo largo del libro el autor se recrea con historias que parecen estar dirigidas, o elucubradas por, parvenús del conocimiento, lo que coloquialmente se conoce como “pardillos”. Pues esa es la impresión que dan tanto los novicios como los maestros que se consagran con tanto ahínco a darse en diálogos sin sentido. “¿Quién puede dudar”, nos dice el autor en su prólogo, “que los ejemplos que nos proporciona este tipo de enseñanza es de una simplicidad de pardillo, simplicidad que permite normalmente al aspirante alcanzar la iluminación?”

Este libro de título honesto recoge los mejores diálogos de la tradición budista zen. En Zen para pardillos podréis disfrutar con historias de corte paradójico y además, si tenéis suerte, y constancia, alcanzar la iluminación. Porque no se engañe el lector, todos somos pardillos de la vida, que sabe más y tiene la costumbre de dejarnos mostrando nuestras pudibundeces filosóficas a la menor ocasión.

            Compra este libro, no seas pardillo, no dejes pasar esta oportunidad. Y si lo eres, esto es, un pardillo, cómpralo con mayor razón, pues va dirigido a ti.

           

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Oximorónica

 

 

Oximorónica

 

El oxímoron es una expresión que une dos conceptos antagónicos. Fue muy comentado en su día la expresión “inteligencia militar”, en opinión de muchos una contradicción de términos. O se es inteligente o militar. Con menos ironía, pero no menos ciertas, hoy os presento con unas cuantas expresiones de este tipo.

 

. Secreto en público (o en boca de todos)

. Pequeña multitud

. Actuar natural

. Completamente vacío

. Copia original

. Su única opción

. Gas líquido

 

Y uno de los que más me gustan:

 

. Pan de gasolinera casero

 

 

Lambert O’Really

Oximoronista mayor del reino

 



lunes, 19 de octubre de 2020

Críticas eliterarias: Crónicas murcianas

 

 

Críticas eliterarias

 

Crónicas murcianas

de

Ray Joy Braburi

 

Serie de relatos sobre una tierra seca y yerta, un paisaje de canales secos, un planeta rojo de ira y ocre de color. Los mares que parecen divisarse desde el aire, son mares de plástico, plásticos que recubren los cultivos intensivos de pimientos rojos como la tierra, rojos, y azules como la política, azules.

Los relatos que contiene el libro pertenecen, más que a la ciencia ficción, a la caradura ficción, por no decir que a la política ficción, también llamada prevaricación. Fueron escritos cuando se creía que había vida en Murcia. Hoy las historias han perdido mordiente al saberse que allí sólo habitan constructores y los paisajes desolados son urbanizaciones sin agua y campos de golf que se mantienen con la orina de los jugadores. En una de las historias, titulada “la sombra del campo de golf es alargada”, un constructor se topa con un lugareño que le pregunta por qué construye un campo de golf si sabe que no hay agua, ni hierba, ni ganas, ni nada. El constructor, entonces, saca un maletín y soborna al lugareño con un montón de dinero para que declare a las autoridades que cerca de allí manan manantiales parleruelos y los pozos producen agua a raudales. El lugareño se niega y es acusado de entorpecer el progreso de la nación, la puta nación, y es denunciado ante las autoridades, que amenazan con encarcelarle, por lo menos hasta que se apruebe el plan que declare las marismas y desiertos, solar urbanizable. Su única vía de escapar del castigo es firmar una petición para un trasvase interplanetario que les permita usar el agua de un planeta cercano, llamado Arrakis-Monegrón. El lugareño así lo hace, pero resulta que pertenece a la brigada anticorrupción de la galaxia. El constructor es juzgado pero los jueces lo dejan libre de culpa y de parné. Termina la historia con el constructor caminando por un erial, pensando en la promoción de los dos millones de chalets que no tendrá lugar, y viendo en imaginario la bonita proyectada urbanización con su agua de espejismos y su riego mental, que es lo que les falta a los constructores: riego mental. El final, con el constructor muriendo de sed entre las dunas de la parcela, es ejemplar.

El resto de las historias sigue el mismo patrón, lo que provoca cansancio en el lector, harto de tanto trapicheo y tanto desbarajuste ecológico. La editorial Trasvasera-PP, con sede en la calle Génova, ofrece junto con el libro un DVD de lavado de cerebro gratuito. Gratuito el DVD, no el lavado de cerebro que, como suele suceder, se paga muy caro.

 

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad

martes, 15 de septiembre de 2020

Críticas eliterarias: Dietética para Amador

 

Dietética para Amador

de

Fernando Sibaritier

 

Por medio de supuestos consejos para su hijo de cinco años, el autor propone al lector una nueva dietética que deje atrás las papillas y los potitos y se adentre en la cocina del pescado azul y las legumbres castellanas. Sin transición, sin período de aclimatación, este autor propugna el abandono de los hábitos culinarios infantiles en favor de un nuevo tipo de casticismo gastronómico. Con ejemplos tomados de la literatura juvenil: el jarabe de regaliz de Guillermo Brown, la dieta de tigre de Sandokán, los pasteles de pulpo del Capitán Nemo, trata el autor de aconsejar a sus infantiles lectores de la conveniencia de la dieta propia del aquí y ahora.

Aprovechando este dietario de guardería, se explaya también el autor en la nueva comida de diseño, para la que tiene palabras elogiosas, pero sin sabor. Sorprende en un autor que no mucho ha se distinguía por defender la comida basura que se pase tan de repente a preconizar una dieta basada en las legumbres, el pescado azul y los yogures desnatados. No nos convence tan drástico cambio, creemos que obedece a intereses pecuniarios solamente. Aconsejamos su lectura sólo si ésta tiene lugar comiendo pizza de encargo o hamburguesas plastificadas, que es el futuro, pese a los vascos y Ferrán Adriá, y este libro.

Edita Alfalfaguara, que sirve de pesebre para muchos autores ya sin talento pero con talante.

 

Lambert O’Really

Crítico de su majestad

domingo, 30 de agosto de 2020

Críticas eliterarias: Un yonqui en la cohorte del rey Arturo

 Críticas eliterarias: 

Un yonqui en la cohorte del rey Arturo

(Análisis lisergicoloquial)


Novela de ficción del joven narrador mellizo Mark Twin que cuenta el hipotético viaje de un yonqui del siglo XX a la medieval Camelot, ciudad amurallada y adelantada del medievo, donde la movida se reunía en la taberna La Tabla Redonda. Allí acudían Lancelot (por cierto, que se ponía ciego de Ginebra) y Sir Gauntlet, e incluso el renombrado Rey Arturo aparecía de vez en cuando por allí. Por medio de una sobredosis de lisérgico, un yonqui neoyorquino rompe la barrera del tiempo cae en un agujero de gusano que le traslada a la antigua Camelot. Aterriza el enganchao sobre un establo, entre caballos, y lamenta el pobre, con mono, que los jacos no fueran otro tipo. Hecho una piltrafa, desaliñado y sucio, sale a las calles de Camelot donde su aspecto, harapiento, no destaca del resto de ciudadanos que pululan por las enfangadas calles. Con temblores de abstinencia se dirige el neo yonquino a un labriego, un campesino de jubón ibérico, y le pide un pico, y el pardal le da una azada. El yonqui sigue su camino hasta que llega a la taberna La Tabla Redonda. Allí pide una Fanta y sírvenle un brebaje de lúpulo inmundo, como a todos. Curioso, Lancelot, apestando a Ginebra, se le arrima y le pregunta de dónde viene. Habla el zagal de Nueva York y los curiosos le responden que no sabían que la vieja York hubiera sido destruida. Preguntado por sus habilidades, el chico entiende debilidades y cuéntales su dependencia del caballo. Tomado por un gran jinete, y ayudado por la embriaguez de los presentes, es nombrado allí mismo caballero y miembro de la cohorte del Rey Arturo, a quien le presentan luego en el castillo. El Rey Arturo, durante la entrevista. no dejaba de mirar con recelo a su bella Ginebra, siempre con el moscardón de Lancelot revoloteando a su alrededor. Cáele en gracia el recién llegado a Arturo y le agasaja. Enterado el rey que en su patria lejana le llamaban yonqui, ordena que le compongan un himno en su honor, compuesto con gaitas y ocarina, himno que con el tiempo pasó a denominarse “Yonqui Doodle”. Así vive regalado un tiempo el trasportado por el idem. Un buen día, el pobre yonqui, mientras paseaba por el extrarradio de Camelot buscando paja reseca o cualquier sustancia fumable o inyectable, vio que una dama estaba a punto de ser violada por Sir Gauntlet, mano derecha de Sir Lancelot y guante izquierdo de metal. El drogota, inocente, le amenaza con decírselo a Arturo. Sir Gauntlet interrumpe su diversión pero le desafía lanzándole el guante izquierdo, que le pega al joven en la ceja, partiéndosela. Impedir, impide la violación, pero gana puntos, doce puntos que han de darle en la ceja en la Cruz Bermeja de Camelot. A partir de ese incidente el yonqui cae en desgracia y pasa a ser despreciado por la movida, que le tacha de yonquijote y comienzan a decirle: “Yonqui go home”, cosa que el pobre enganchao logra al final de la novela merced a un tipo llamado Merlin Leroy, quien tenía una tienda de utensilios de labranza, tienda que era tapadera de un lucrativo negocio de pociones y ungüentos que te hacían viajar. Comedia que su autor, John Stoned, reconoce haber recibido de unos extraterrestres que le abdujeron mientras viajaba a lomos de jaco blanco. Divertida y aleccionadora, la novela se vende con una china de hachís afgano (auténtico).  

Lambert O’Really

Crítico de su majestad


domingo, 16 de agosto de 2020

Críticas eliterarias: El rojo y el negro

Críticas eliterarias

 

El rojo y el negro

de

Sten Dahl

 

Ambientada en la época de la caza de brujas emprendida por el senador McArthy (¿o era Mac Arthur?), la novela narra la amistad entre un idealista negro y un escritor rojo de ascendencia francesa, afincado en Hollywood y quien prefiere afrontar la pena de cárcel antes de denunciar a un amigo negro. Los acusadores McArterroristas (¿o eran MacArthuristas?) interrogan al guionista rojo con preguntas que enceguecen como flexos de 100 watios, pretendiendo a toda costa que el escritor rojo implique a su amigo Denzel Boston, el negro, inmerso en ese momento en una campaña política que tenía por eslogan “Siente a un negro a su mesa blanca” (“Seat a bloody nigger y your bloody white table”), un movimiento tendente a derribar las barreras raciales en base a la bondad culinaria de los ciudadanos pudientes. El rojo aguanta el interrogatorio y el negro prosigue con su campaña para que lo inviten a comer. Ha calculado que, aun siendo la receptividad de los blancos un mero 1%, tiene asegurado el condumio para todos los días de su vida, eso sin contar con las sobras que puede arramblar de sus invitaciones y que siempre puede vender en el mercado “negro”. Así, sin ser consciente del mal trago que su amigo rojo está pasando a manos de funcionarios fundamentalistas, el negro se aplica al blanco propuesto. Verde de ira, el rojo debe relatar por enésima vez a los grises interrogadores su cromática visión política. Mientras, el negro, morado de los convites, palidece al enterarse del marrón que le ha caído a su amigo rojo. Ducho en gramática parda, el negro visita al rojo, a quien le pinta un futuro dorado si resiste. Mas para evitar la reja, el rojo raja y el negro se ve privado de convites y con bates es apaleado y mandado a prisión, donde se ve enfrentado a los grises interrogadores, quienes aseguran que no le acusan por motivos racistas, pues para ellos es igual un blanco que un hijoputa de negro.

Novela algo daltónica que desentraña las amarillas tendencias de los sindicatos de la verde burocracia norteamericana. Un nuevo éxito del autor de La cartuja la palma.

 

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad

 

 


lunes, 13 de julio de 2020

Críticas eliterarias Ubú Conde


Críticas eliterarias

Ubú Conde
de
Juez Jarry

Farsa dramática sobre los excesos del poder y los poderes del exceso. Ubú Conde es un noble arribista sin linaje procedente de un oscuro país meridional que, merced a negocios inconfesables en confesionario, se hace con el Banco Provenzal. Desde los sillones con dosel del Consejo Aúlico de Administración, este conde innobiliario logra amasar en menos que se cantan unos maitines, una ingente fortuna. Tuno, no duda en utilizar sociedades florentinas como tapadera, hacerse transferencias a paraísos fiscales genoveses, emitir bulas comerciales sin fondos e intervenir en el tráfico de influencias cardenalicias. Pero la curía regente, que ve así mermados sus privilegios, se cansa de tan chulo personaje y lo declara “Conde non Grato”, despojándole de su posición en el banco y poniéndole en manos de la justicia. El juez que primero investiga su causa, Juez Garcigómez de Liaño, luego de absolverle es denunciado a su vez por prevaricación y alevosía, tocándole proseguir el caso a otro juez de la Audiencia Nuncional. Ubú Conde no se resigna a su suerte y con el dinero amasado logra introducir en la prensa del país algunos escándalos que guardaba en la manga de su falsa toga, escándalos que empañaban el prestigio de la monarquía reinante que le había despojado: terrorismo de Estado seglar, estado de cuentas parroquiales sin saldar, financiación ilegal del Tesoro por medio de franquicias solapadas en la venta de jubones de Hispania, corrupción de los mandamás del partido vaticano socialista. El valido del rey, el Duque de la Gonzalera, afectado por tantos escándalos, escándalos cuyo vocero es el diario central El Inmundo, vese obligado a dimitir y ceder el poder a la OPUSición.
         El Banco Provenzal es vendido al mejor postor, o impostor, llevándose el gato al agua bendita, y luego a su patrimonio, el Banco Saint Ander, no ajeno a los poderes causantes de la desgracia de Ubú Conde.
Dividida en tres actos y un desenlace en soborno, la obra de Juez Jarry tuvo un gran éxito en su tiempo. Hoy ha perdido vigencia, pues tales casos no se dan en nuestra democrática sociedad, lo que le quita mordiente a la historia.
Editado por la Biblioteca de Autores Poscristianos, su lectura, o mejor la asistencia a su improbable representación, es recomendable para Condes o Rubios con fragancia de la Rosa de Kio.
Con el libro se regala un útil “Diccionario de estafas y otros pecados capitales”.


Lambert O’Really
Crítico de su Majestad

lunes, 22 de junio de 2020

Críticas eliterarias: Diario de un pelota recién casado


Críticas eliterarias


Diario de un pelota recién casado

De

Juan Ramón Jimeno


Obra de lirismo oficinesco difícilmente calificable. Un empleado modelo (para la empresa) desgrana en un diario íntimo sus vivencias laborales. Auxiliar del departamento de contabilidad, el protagonista, Alter Ego, comienza el diario el mismo día de su boda. Es aleccionadora la primera entrada: “Martes 13: Hoy me he casado. La ceremonia ha sido rápida porque debía volver a la oficina para acabar los ajustes de inventario. Laura lo ha entendido. Se ha ido con Raúl, mi mejor amigo, quien la entretendrá hasta que llegue yo, esta noche, y cierre el balance matrimonial con una regularización coital. En la oficina mis compañeros me han mirado con recelo y he notado que hacían constantes referencias taurinas. Deben saber que odio los toros. El jefe me ha recibido bien. Me ha dado también los asientos de débitos bancarios, quizás en premio por mi laboriosidad. Probablemente cerraremos este mes con beneficios extraordinarios”. El diario, de este jaez, va desgranando día a día los seis primeros meses de la vida de casado de este empleado modélico. Después de dejar claro que ha renunciado a los días de permiso por boda, el poeta oficinista nos detalla las constantes jaquecas de su recién esposa durante la noche, jaquecas que le impiden consumar, o como él dice, “regularizar”, el matrimonio. Cuando Laura, tres meses más tarde, le anuncia que está embarazada, el poeta, preocupado por un descuadre del balance biológico que no logra solucionar, le da una tibia enhorabuena y se va con los papeles de la oficina a la salita. El diario se interrumpe a los seis meses. La última entrada dice así: “Jueves 30: El abogado me informa que los papeles del divorcio están preparados y que tengo que pasar por su bufete para firmarlos. Le digo que hoy no puedo, que es día de cierre y trabajaré hasta muy tarde. Mis compañeros han incrementado su afición a los toros y todo son carteles de corridas y anuncios de ganaderías. Incluso han colocado sobre mi mesa un torico de porcelana. Son extraños mis compañeros. Todos salen a su hora. Incluso dejando a medias sus labores. Les compadezco”.
Esta extraña obra ha sido encomiada por el presidente de la Confederación de Empresarios Arios, quien no ha dudado en manifestar: “Este libro debería ser de lectura obligatoria en todas las oficinas de este país”. Opinión que contrasta con la de los responsables de las organizaciones sindicales, quienes denuestan vivamente a autor de tan estúpida obra, extrañamente también utilizando en sus dicterios profusión de alusiones taurinas.
Editorial Planeta de los Simios es la (ir)responsable de haber puesto libro tan polémico en el mercado.


Lambert O’Really
Crítico de su Majestad

lunes, 8 de junio de 2020

Críticas eliterarias: CERVANTES Y LA MECÁNICA CELESTE


Críticas eliterarias


CERVANTES Y LA MECÁNICA CELESTE
(Análisis estructural y cunnilingüistico)


Cervantes, como todo el mundo sabe, vio las estrellas cuando un trabucazo islamista cercenó su brazo izquierdo en la gloriosa batalla de Lepanto. Desde entonces, esta mecánica celeste fue guiando sus pasos. De cautivo en Argel, Cervantes distinguía todas las noches la osa menor a través del ventanuco de su celda, pues por lo visto la osa mayor no cabía en la estrecha parcela de cielo enmarcada en el ventanuco. Fue una buena estrella la que propició su liberación, pues se recibió el recate para un tal Miguel de Herbantes y los moros confundieron los nombres y liberaron al manco. De regreso en la Península, consulto Cervantes con el famoso astrólogo Rappel Garcigómez, quien le auguró un encuentro con un loco hidalgo de triste figura. Cervantes esperó durante años a este loco hidalgo, hasta que se olvidó del asunto y le entraron ganas de escribir. Este encuentro con el astrólogo aparece prolijamente documentado en la obra de Matty Mortimer Cervantes and his Environment. An Astrological Approach, University of Paris (Texas). Cervantes, después de este encuentro con Rappel, anduvo obsesionado con un sueño recurrente en el que, con una sola mano, se veía obligado a ordeñar la vía láctea, tarea penosa que provocaba que se despertase bañado de sudor. A raíz de este sueño obsesivo Cervantes cambió el lecho de cuarto, trasladándolo a una habitación bajo el predominio de la constelación de Orión. Influido por esta nueva disposición celeste, trabó Cervantes amistad con dos pillos llamados Rinconete y Cortadillo, quienes por medio maravedí le relataban sus azarosas aventuras, aventuras que el escritor vendía como ficción a una editorial del reino y por lo que cobraba sus buenos ducados. Los pícaros, advertidos del cambalache, demandaron a Cervantes para sacarle parte de la gabela, pero Cervantes consultó con un abogado astrólogo, quien le aconsejó que demandase a su vez a los pícaros por los delitos relatados, lo que el escritor hizo, lo que hizo que los pícaros retiraran la demanda y asegurasen que lo relatado era pura ficción y no tenía nada que ver con la realidad. El autor, ya inmerso en la Galaxia Gutenberg, tuvo una noche un sueño en el que veía descender sobre él un polvo de estrellas, lo que se tradujo en una polución nocturna. Este resurgir de la sexualidad hízole acudir a una casa de citas, donde refociló con una tal Dulcinea del Toboso, quien le tomó confianza y le relató que un viejo hidalgo reseco la pretendía allá en el pueblo y se había tenido que trasladar a la corte para huir de él. Cervantes, viendo la potencialidad novelesca del tipo en cuestión, le pidió que le contase cosas del extraño vejete, cosa que Dulcinea hizo y el novelista anotó, poniéndolo meses más tarde por escrito. Esta usurpación nunca fue percibida por Dulcinea, pues la chica no sabía leer. Publicada la primera parte de las aventuras de su famoso hidalgo, la carrera literaria de Cervantes fue meteórica, como disparada por el arco de Sagitario hacia el séptimo cielo de Aries. No fue su personaje estrella fugaz y tornó en una segunda parte, y habitó desde entonces en el Parnaso celeste. Cervantes se convirtió así en un planeta alrededor del cual giraron los satélites literarios del siglo de oro, órbitas que conformaron el pequeño universo literario español.

Lambert O’Really
Crítico de su majestad

lunes, 25 de mayo de 2020

Críticas eliterarias: Bukowsky y la priva


Críticas eliterarias

Bukowsky y la priva
(Análisis escatológico)

Si hacemos caso del erudito estudio de Boris Karl Off  Das Shicksal des Blödescheissenreklamen in das ewige Drunkenheit des Charles Bukowsky, la botella ha sido la musa principal de este insigne escritor norteamericano. Partiendo de un analfabetismo de barrio marginal, Bukowsky consiguió llegar a dominar un estilo literario propio de tenderos del Bronx. Crudo, directo, con innumerables faltas de sintaxis, este escritor hizo las delicias de una generación de lectores que estaban hasta los huevos de la estirada intelectualidad neoyorquina que orbitaba alrededor de revistas como The New Jamonyorker y The Highbrow Top Magazine. Un reciente análisis del crítico Mark O’Polo (The four litter words in the little works of “bugger” Bukowsky) demuestra que la palabra “fucking” ocupa un 12,4 % de toda su obra, seguida a poca distancia de las palabras “shit” y “bugger”. Curiosamente la palabra “remuneration” la utiliza una sola vez. Parece confirmado por sus vecinos y sus editores que Bukowsky pasaba la mayor parte del día colocado y que tenía por costumbre ponerse a escribir después de una buena paja. Expulsado de cuatro barrios debido a los escándalos nocturnos que propiciaba (en uno de ellos, pedo total, destrozó todas las ventanas del vecindario con una metralleta comprada esa misma tarde en el supermercado) y de cuatro editoriales por haber falsificado varias novelas de autores conocidos, novelas a las que ni siquiera cambiaba el título (un editor afirma que su versión de El ruido y la furia, de Faulkner, salía mejorada a causa de haber interpolado aquí y allá unos cientos de “fucking” y “shits”, no así su falsificación de Las bostonianas, de Henry James, por no ser propio el uso de “bugger” entre señoritas), Bukowsky se refugió en una caravana que emplazó en un descampado a las afueras de Lemmon Grove, un pueblo de mierda pero con una fábrica de cerveza y varias destilerías clandestinas de licor de cacahuete. Sometiéndose a una dieta de licores, cervezas y hamburguesas revenidas, Bukowsky consiguió escribir sus más importantes obras en esta caravana: La máquina de dar por culo, Chúpala y cállate, y su magistral libro de poemas Blenorrea, un canto a la penicilina, poema de un lirismo rayano en el vómito profiláctico. Aprovechamos esta recensión para advertir al lector que no es cierto que su libro Mierda puta tuviera manchadas las tapas con excremento humano. El hedor que emanaba del libro era producido por cierta mezcla de perfumes que imitaban el olor de la mierda y que se incluyó, por expreso deseo del autor, en la pasta de celulosa que sirvió para producir el papel. Estas genialidades de este controvertido autor sirvieron para mitificarlo entre una juventud ávida de impresiones nuevas. Ahora, a diez años de su muerte (quizás doce, o quince, no lo sé), Bukowsky vuelve a ser actualidad al haberse descubierto un libro inédito entre las bolsas de basura que legó a la biblioteca municipal. Compuesto sobre papel de higiénico, usado, narra las peripecias de un onanista con tendencias sodomitas que se coloca en una tienda de sanitarios. El final, donde el protagonista es empalado con la escobilla del inodoro, es ejemplar al cuantificar los deseos reprimidos del propio Bukowsky y resumir su propio mundo iliterario.
         La reciente decisión del ayuntamiento de Cincinati de crear el museo Bukowsky será de gran ayuda para entender mejor la obra de este autor. El museo cuenta ya con varios calzoncillos sucios del autor donados por su tercera ex mujer así como con otros objetos genuinamente suyos: latas arrugadas de cerveza, piltras de varios porros a medio fumar, un orinal con cerco, una cortina con costras resecas a causa de limpiarse el miembro después de sus masturbaciones, arandelas de metal para utilizar en los teléfonos públicos, etc.
         Bukowsky logró fundir la lírica escatológica con la praxis literaria al uso, originando una síntesis de poeta picapedrero de alto poder evocador. En este décimo (o décimosegundo, o decimoquinto, yo qué sé)) aniversario de su muerte por sobredosis etílica, queremos dedicar un agradable recuerdo a este hijoputa bastardo y jodido escritor de mierdas amariconadas: ¡Salud, cabrón!


Lambert O'Really
Crítico de su Majestad

lunes, 11 de mayo de 2020

Críticas eliterarias: Aprenda Búlgaro en 9 semanas y media



Críticas eliterarias

Aprenda Búlgaro en 9 semanas y media
(Análisis cunnilingüístico)


Editado a todo lujo por la Exquisita Escuela Búlgara de Cunnilingüismo, se presenta en el mercado editorial español esta exótica guía para aprender uno de los idiomas de moda en Europa... en el siglo XII. Este manual combina por primera vez fotos de gran resolución y texto para  aprender idiomas, novedad que no pasa desapercibida al lector, a no ser que estudie en braille. Las modelos que han posado para las diferentes lecciones son todas de primera, bellezas elegidas de entre los principales locales de top less y burdeles de lujo de Sofía. Sofía Vulvona es la principal de ellas, quien en postura vulvona nos enseña las primeras expresiones en búlgaro: “Mira que coñito”, “Acaríciame, cariño”, “Son cinco mil levas, tesoro”. Desde la sencilla frase “ábrete de piernas” hasta la más complicada de “chúpate ésta”, la guía ofrece un sencillo método de aprendizaje. Ayudándose de traducción simultánea (debajo del texto búlgaro se escribe el español, aunque existe la posibilidad de cambiar de postura y existen ediciones donde el español está encima, o de lado, siempre al gusto del consumidor) y con fotos que muestran las posturas adecuadas al diálogo, los lectores masculinos sólo tienen que ir pasando las páginas con la mano libre. A título de ejemplo expongamos las conversaciones correspondiente al capítulo dedicado a la orgía: “Pásame ese consolador”, “No me la metas por ahí que estoy con diarrea”, “Mientras hay lengua, hay hombre, tía”, “Chúpasela a tu padre, maricón”, “No papá, no me apetece ahora”. Más no todo es tan directo. En el libro también caben expresiones románticas, como la siguiente: “Túmbate, creo que te amo”. Al tiempo que se aprende los fundamentos de una lengua de origen lindoeuropeo hablada por más de un millón de empleadas del folgar, los nombres de las diferentes posturas adoptadas por las modelos nos adentra en los recónditos parajes del cuerpo lingüístico de la cultura del país. Al final del libro existe un apéndice con la lista de los locales de Bulgaria donde poder practicar las enseñanzas de la guía, las tarifas de los principales servicios y un cuadro conteniendo los cambios de las principales divisas y las tarjetas de crédito normalmente admitidas. En nueve semanas, más tres días aproximadamente (cuatro días los muy torpes), un hombre que no haya entrado en el climaterio puede aprender el suficiente búlgaro para que no le vendan una moto cuando lo que ha pedido es una mamada o para regatear en cualquier puticlub de Sofía. Existe, para analfabetos, una edición que suprime la letra y muestra sólo las imágenes. No obstante, se recomienda la edición con texto, pues el texto, en caracteres cirílicos, añade morbo a la cosa. Personas que han aprendido búlgaro con este método avalan su utilidad y aseguran que es ideal para visitar los puticlubs del país, sobre todo si se porta el libro y se le indica a la tía de turno el servicio que se requiere, numerado para facilitar la comprensión.
         Esta obra obtuvo por unanimidad el premio “Coitus Tuus” que otorga el Vaticano al libro más pecaminoso del año.
         No recomendable para menores de 18... centímetros.


Lambert O'Really
Crítico de su Majestad

lunes, 27 de abril de 2020

Críticas eliterarias: Archipiélago Gulash


Críticas eliterarias


Archipiélago Gulash
de
Alexandr SolzeNietzsche

Terrible documento de la realidad sociogastronómica húngara bajo la órbita dictatorial de la URSS. El escritor Alexandr SolzeNietzsche, más pacá del bien y del mal yantar, describe su terrible peregrinaje por los más lóbregos centros restauradores del país de los manjares magiares. Castigado por disidente (atreviose a dudar del carácter curativo del Rusario de la Aurora) a visitar todos los comederos de Hungría y hacer un informe de sus especialidades culinarias, Alexandr SolzeNietzsche recorrió el país armado tan solo con un par de cubiertos, una servilleta y doce permisos oficiales para coger tranvías, hospedarse, usar retretes públicos, acceso a lavativas gratuitas en centros de la Seguridad Social Proletaria, etc. Ni una simple guía Michelinka, de esas con estrellas rojas. A los cuatro meses de peregrinaje gastronómico Alexandr SolzeNietzsche descubrió dos cosas: que su estómago no era tan resistente como creía y que su subconsciente (catalogado de subversivo) odiaba el gulash. En todos los locales donde acude a probar la comida le obsequiaban con el mismo manjar: gulash. Y todos los gulash le sabían igual. La ventaja de la monotonía culinaria era que sus informes podía realizarlos simplemente fotocopiando el anterior, necesitando tan sólo cambiar el nombre del local y la población. Como entre digestión y digestión le quedaba mucho tiempo libre, SolzeNietzsche le dio al magín y llegó a la conclusión de que para aguantar la aberración gastronómica del Hungría, hundida en una desmotivadora uniformidad culinario‑comunista, se necesitaba ser un superhombre con superestómago. Compuso en su peregrinar un libro que tituló Archipiélago Gulash, y subtituló Así comió Zaratustra, libro que, con buen criterio, no se atrevió a enviar a ningún editor oficial, pues no quería pasarse el resto de su vida olisqueando figones. Pero con el mismo buen criterio envió el manuscrito a Suiza, a la editorial Geld für Uns, donde lo publicaron bajo nombre supuesto, su  puesto, por supuesto, resguardado por ese oportuno anonimato.
Impresionante testimonio de este super húngaro condenado a vagar por el Archipiélago Gulash durante casi diez años. Vegetariano impenitente desde entonces, Solzenietzsche prepara en su exilio suizo (los dineros de su obra le permitieron costearse un viaje de ida a occidente) una obra sobre su reciente periplo gastronómico por restaurantes franceses y a la que pretende titular País Croissant.
El prólogo de esta edición de Archipiélago Gulash, a cargo y abono de Karlos Arguiñato, pone un tono de optimismo y colorido culinario a la triste y monótona obra de SolzeNietzsche. Editado por Alfalfaguara, se recomienda tener bicarbonato a mano durante la lectura de esta obra. Libro no recomendable para aquejados de hernia de hiato.

Lambert O’Really

Crítico de su Majestad

lunes, 13 de abril de 2020

Críticas eliterarias: Sherlock Holmes o la heroína y el héroe



Críticas eliterarias


Sherlock Holmes
o
la heroína y el héroe

Sabido es su afición por cierta droga del más preclaro de los detectives habidos. No es extraño que en sus obras este adalid de la investigación interrumpa sus chirridos de violín para coger la goma, el polvo blanco y la hipodérmica. Después de la toma es cuando toma esa actitud tan suficiente que deja al pobre Watson preguntándose What’s on? Y ahora, después del libro de Sean Connelly, La heroína como el sustento del antihéroe (Drog Barral, 1995), este personaje queda al descubierto al podérsele aplicar el argumento de drogadicción para su insistente perseguir maleantes por la ciudad. El autor se preguntó, ¿qué perseguía Sherlock por los docks de Londres y demás lugares de dudoso vivir? Y tras arduas investigaciones llegó a la siguiente conclusión: Sherlock perseguía a todos los camellos de la rivera del Támesis para poder satisfacer su adición al caballo. Esta debilidad era conocida por Scotland Yard, quienes en ocasiones le suministraban la alba sustancia a cambio de sus poder deductivo, resultando en beneficiosos éxitos para la policía británica, como en el caso del carbunclo desaparecido, que halló Holmes en el ojo del embajador de Lituania, pintado con iris y pupila, en lugar del habitual ojo de cristal del dignatario, pero que Holmes descubrió merced a su sagacidad: las mujeres no dejaban de admirar el ojo del embajador, lo que dio a nuestro detective la pista, pues las mujeres sólo tienen aprecio por las joyas y no por los órganos corporales, al menos de los que se ven. En el caso de los siete napoleones, fue Holmes quien descubrió que las estatuas escondían, tras una primera capa de yeso protector, cocaína pura proveniente de Colombia. Y todo gracias a que, estando con el mono, su síndrome le llevaba a acercarse a los bustos y lamerlos como un perro vicioso. Watson también relata en otro de sus casos (Estudio en escarlata), como Holmes, después de una dosis de material puro, descubrió al falso decorador real simplemente percibiendo por la decoración escarlata de su estudio de Regent Street, que éste era daltónico, y por lo tanto no era idóneo para seguir guiando los gustos en el vestir de la familia real. No obstante, la influencia de este falso decorador y estafador del gusto penetró tanto en la casa real de Inglaterra que sus descendientes poseen todavía un pésimo gusto a la hora de elegir sombreros.
         Watson se queja en sus memorias que Sherlock nunca le consultase como facultativo, que portase su propio botiquín, y que cierta vez que le preguntó qué eran esos polvos blancos que tenía en una bolsa, Holmes le respondiese que bicarbonato. Relata el ayudante del genial detective cómo de vez en cuando Sherlock se encontraba mal, tiritaba de frío y se excusaba para meterse en los servicios de Waterloo Square, u otra plaza de igual renombre, de los que salía totalmente recuperado y con ansias de seguir pistas. Tampoco llegó a sospechar nunca el buen ayudante cuando en el declive del detective, sin casos que llevarse al cerebro, su casa de Baker Street se convirtiese en punto de encuentro de gente rara y descuidada, sujetos sumidos en crisis de nervios, con ojeras y manga larga incluso en verano. Ahora se conoce que el genial detective se dedicaba a camello para poder financiar su propio consumo y que desde Baker Street lo mismo solucionaba la abstinencia de un colgado que hallaba el paradero de una esposa fugada, únicos casos que el vecindario atrevíase a encargarle.
         Sean Connelly muestra al héroe subyugado por la heroína, muestra al hombre necesitado bajo el disfraz de detective infalible, al individuo vencido que al final de su vida vendió por unas pocas dosis todos sus recuerdos a un periodista de fortuna llamado Conan Doyle. Descanse en paz el prototipo de investigador, huélguese en el Parnaso de los héroes junto a los principales suministradores del opio de los pueblos.


Lambert O'Really
Crítico de su Majestad

martes, 31 de marzo de 2020

Críticas eliterarias: Sin novedad en la frente



Críticas eliterarias


Sin novedad en la frente
de

Erich Marica de Marca


 Se reedita esta famosa novela bélica de Erich Marica de Marca. Su argumento es sencillo: Un hombre casado es destinado al frente y toda su obsesión se concentra en que su mujer no le engañe en la retaguardia. Para ello cuenta con la complicidad de un vecino amigo que se libra de ser movilizado por tener pies planos… y un cuñado general. Este pies planos está encargado de escribirle todos los meses al frente, en cada misiva una sola línea: “Sin novedad en la frente”. El soldado celoso, y alemán, en los ratos que dedica a no matar franceses, tumbado en la trinchera, espera ansioso la carta de su amigo pies planos. Cada misiva comunicándole que no tiene novedad en la frente le llena de alegría, mas ésta dura poco, pues enseguida espera ansioso la siguiente carta. Deseando ser herido para volver a casa y permanecer con su hermosa esposa, el soldado se arriesga en cada misión, pero la suerte le acompaña y no recibe ni un rasguño. Su única inquietud se ve reducida al contenido de la próxima misiva. Y ocurre que al cabo de dos años de recibir la carta que le aseguraba su honor, el correo se detiene. El soldado, que ignora la razón de tan súbito silencio por parte de su amigo, se llena de inquietud y piensa que éste no quiere comunicarle la mala noticia. Al final se convence de que ha sido engañado y pide un permiso de urgencia. Concedido el permiso, llega a casa y, sin mediar explicaciones, mata a su mujer en un ataque de celos. Luego se entera de que su amigo, pese a tener los pies planos, y debido a la falta de carne de cañón y a la muerte de su cuñado el general de un atracón de caviar en el frente ruso, había sido finalmente reclutado, enviado al frente occidental y muerto en su primer contacto con el fuego enemigo. Desesperado al darse cuenta de su precipitación, el protagonista decide suicidarse, pero entonces recibe una carta de su difunto amigo en la que le confiesa que en realidad él y su mujer se entendían...
Novela no apta para posguerristas celosos y cornudos de corte militar y pecuario. Publicada por El acantilado, el acantilado es el previsible destino de esta novela que ya no interesa ni a las porteras de noche.


Lambert O’Really
Crítico de su Majestad

lunes, 9 de marzo de 2020

Críticas eliterarias: El gen subnormal



Críticas eliterarias


El gen subnormal

De
Dick Dawkinson

En su nueva obra científica, Dick Dawkinson, eminente teórico de la evolución y neo-darwinista de pro, propone, documental y entretenidamente, que la evolución progresa debido a la “subnormalidad” intrínseca de nuestros genes, comportamiento que resulta contraproducente a la larga para la supervivencia de la especie.
Dawkinson se basa para su tesis en las respuestas empíricas a las siguientes preguntas: ¿Qué genes han prevalecido más dentro de las diversas especies? Y concluye que, de todos los genes, los que más han prevalecido, aquellos que han conducido a la especie portadora a dominar el mundo animal, son los genes humanos. ¿Y a dónde nos han conducido esos genes triunfadores? Nos han conducido al borde de la aniquilación por sobrepoblación y otros males producto de la codicia sin fin de sus portadores.
         El libro de Dawkinson demuestra que el dichoso gen provocador de la vanguardia evolutiva actual, el gen que nos ha llevado al borde de la aniquilación por razones de superpoblación, contaminación y proliferación de armas de altísimo poder destructor, posee una manera de reproducirse tan poco inteligente que por ello merece el nombre de “subnormal”. Veamos, nos dice Dawkinson, cómo se propaga este gen. ¿Quiénes hoy en día se reproducen más y más velozmente? ¿Son acaso los hombres más inteligentes del planeta: científicos, filósofos, artistas? No. Los grandes cerebros orgullo de la evolución son los que menos se propagan. Estas personas apenas si poseen descendencia o, cuando lo hacen, limitan a uno a dos el número de sus crías. ¿Quiénes son, entonces, los que más se reproducen? Está claro: los desheredados de la fortuna y de la inteligencia: seres miserables que habitan bolsas de pobreza, criaturas sin instrucción o conocimientos, ciudadanos sujetos a todo tipo de enfermedades y a indoctrinaciones acientíficas de corte fundamentalista. Occidente, esa parte del Globo con alto poder adquisitivo, cuyos países pueden proveer de educación a sus habitantes, así como medios dignos de vida, pierde poder de replicación. Su crecimiento vegetativo es negativo. Por el contrario, los países de Latinoamérica, África y Extremo Oriente, y dentro de estos continentes los más atrasados cultural e industrialmente, son los que poseen mayor poder de multiplicación. Eso hace que los genes de progenitores con cultura y portadores de cerebros desarrollados pierdan peso a favor de los genes de progenitores incultos cuyos instintos, sin brida cultural, se mueven al borde de la animalidad. Y a esos genes son los que llama Dawkins subnormales. Un gen egoísta pensaría en el bien de la especie, pues una especie fuerte redunda en su propio favor procreacional, y por ello debería procurar que se multiplicasen más los genes capaces de producir personas inteligentes y cultas, pues a la larga son estas inteligencias las que mejor pueden mirar por la supervivencia general. Sin embargo, son los otros genes, los que no tienen ni puta idea, los pertenecientes a los sectores menos favorecidos de la humanidad, los que prevalecen y los que a la larga ganarán en esta competición por la supervivencia. Y a corto plazo quizás no lo apreciemos, nos advierte el autor, pero a largo plazo está claro que la mayoría de los genes del futuro habrán tenido su origen en los citados pozos de incultura e ignorancia.
         Una vez planteado el grave problema con crudeza, Dawkinson nos propone una solución para salir de este proceso hacia la destrucción, para invertir esta tendencia desalentadora. La solución pasaría por no dejar el asunto de la reproducción en manos de los genes subnormales y tomar directamente cartas en el asunto. Para ellos el autor propone advertir del problema a las mujeres y cambiar su mentalidad. Son ellas, al fin y al cabo, quienes poseen el grifo de la procreación. El objetivo sería crear genes inteligentes en unas pocas generaciones. Se trataría de indoctrinar a las mujeres para que en vez de dejarse seducir por subnormales llenos de músculos o de labia y de especímenes “bien dotados” sexualmente por la madre natura, se entregasen por el bien de la causa de la humanidad a tipos intelectuales (como el propio autor, por ejemplo). Habría que pedirles que se dejasen deslumbrar, mejor que por el físico, por las dotes intelectuales, aunque estas no fueran acompañadas de tersos músculos ni de órganos reproductores de concurso; convencerlas de que, siguiendo con esta subordinación a la supervivencia, se rindieran al encanto de la cultura y que las pusiera cachondas, por ejemplo, una disertación sobre Baudelaire, un discurso sobre la fenomenología de Heidegger o una fórmula de física cuántica. Y ello sin parar mientes en las dioptrías o la halitosis del discurseador. Y que esas mujeres, sobre todo las más bellas, ejemplares de Play Boy y revistas culturales semejantes, estuvieran sólo a disposición de aquellas personas de probada cultura e inteligencia y desdeñasen al inculto y al penilargo, gente que debido a su misma incultura, son capaces de engendrar crío tras crío de la misma hembra. De esta manera, nuestros genes (yo, como renombrado crítico me incluyo en el grupo del autor), por variedad de continentes femeninos así lanzados hacia el futuro, son los únicos que podrían traer la salvación a este mundo desquiciado y a punto de sucumbir. Esto sería válido también para las mujeres inteligentes, quienes deberían tener acceso a ejemplares masculinos hoy monopolio de famosas sexagenarias o hembras del tercer mundo incapaces de apreciar las singulares características sexuales de sus engendradores. Ya lo advierte Dawkinson: “O esto o el acabose”.
         Si los genes subnormales, siguiendo la propuesta de Dawkinson, fueran reemplazados por genes inteligentes, en un milenio la población del planeta experimentaría una grandiosa transformación. Un planeta, a no dudar, habitado entonces por gente culta e inteligente y a la vez bella de forma, pues no se olvide que cada espécimen “inteligente” se habría pareado con varias de la especímenes más bellos del sexo contrario. 
         Pero si, como se teme el autor (y yo), los genes siguen mostrándose igual de gilipollas y siguen prodigando a la inteligencia de la especie dioptrías en los ojos, músculos fofos y penes de risa, poco se podrá hacer por la salvación del planeta.
         Este libro ha sido bien recibido por toda la intelectualidad occidental, ansiosos de que, una vez convencidas las mujeres de este cambio de rumbo en sus costumbres apareadoras, se amplíen sus hoy casi nulas posibilidades de acostarse con las mujeres objeto de deseo en los quioscos de todo el mundo.


Lambert O’Really
Crítico de su Majestad