miércoles, 18 de febrero de 2015

La mágica sugestión de las palabras



La mágica sugestión de las palabras. El autor taumaturgo. Cualquier escritor se daría con un canto en los piños por ser capaz de escribir algo que pudiera provocar una reacción semejante a un lector como el que presenta la figura del cuadro de Magritte. El espanto que refleja el rostro de la mujer lleva a muchos a concluir que lee una historia de miedo, un relato de terror. Pero yo me inclino a pensar que está leyendo el diario íntimo de una persona con la que comparte (hasta ese momento, al menos) ciertas afinidades afectivas, alguien que le importa mucho y cuyos secretos, desvelados por la escritura, la desasosiegan hasta conformar esa hipérbole de sobrecejo. Las confesiones de un marido infiel, las razones del suicidio de un ser querido, el incremento del precio de los víveres. Revelaciones, todas, que llevarían a tamborearse el pecho con los puños a quienes no hubieran educado  el sensorio en las penurias de la flema. Incluso a convulsionarse en apopléticos furores.
            Mostrando mi vena irreverente, se me ocurre que quizá lea un libro religioso, un catecismo o manual de similar observancia, y se asombre de la cantidad de estupideces que la gente es capaz de creer. ¿Y por qué está abierto el libro por la mitad? Ningún libro, pasada su primera mitad, concita semejante demencia en la mirada. A los libros se los ve venir. Eso significa que lo ha abierto por esa página, o una página muy cercana. El hecho de que lea de pie indica que lleva poco tiempo leyendo, poco tiempo asombrándose. Concluyo que se trata de un diario. Confidencias de un ser querido que, por inesperadas, le afectan de forma desasosegante. Tendré que esconder mejor mi diario secreto. No quiero que mi mujer sufra el mismo espanto.

Zaragoza, 18 de febrero 2015

2 comentarios:

  1. Detestaría un libro que me llegue a dibujar la cara de la ilustración. No y no ! Ya demasiado dramática y sin alternativas es la cotidiana vida, como para buscarse libros que causen espanto. Never!

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  2. Pues como autor, firmaría por conseguir esa reacción. Luego la vida normal contraería los músculos faciales y el rostro volvería a su ser.

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