miércoles, 25 de julio de 2018

El dinero


No hay más dios que el dinero, y la banca es su profeta. Nunca, en ningún momento de la historia de la civilización occidental, ha existido un amor tan desproporcionado por el dinero. O quizá es que nunca lo ha habido en España y extrapolo esta circuns-tancia a todo el orbe capitalista. Pero me da que no exagero. Creo que es una afección global. Mencionaba la prensa hace unas semanas que el primer día que entró Bulgaria en la CEE, cientos de hombres de negocios de Inglaterra, Francia y España, entre otros, arribaron con maletas llenas de dinero a Sofía, principalmente para comprar inmuebles. Al calor de la rápida revalorización que preveían del valor de la vivienda, todas las sierpes financieras, buitres de la especulación, ratas de la hipoteca, arribaron a la capital de Bulgaria. ¿No pinta esta imagen un cuadro más exacto de nuestra sociedad que cien libros de historia y sociología, que ocultarían estos hechos de rapiña bajo índices de precios y tasas de crecimiento del PIB? Es descorazonador ver a los ciudadanos que me rodean, la mayoría de ellos con dos sueldos (el de su cónyuge y el suyo propio), adquirir pisos y apartamentos con un ansia que raya la locura. ¡Y cómo se les llena la boca hablando de revalorizaciones, de cómo con los alquileres de unos pisos financian la compra del próximo! Acumulan, tienen, poseen, pero no son. Han renunciado (¡qué les importa!) a culturizarse. No van al cine (total, ya tienen tele grande), no compran libros (¡No tenernos tiempo de leer!), no aprenden idiomas o estudian cursos de arte (¡menuda mariconada!), no se desarrollan espiritual ni moralmente. Morirán ignorantes, pero con propiedades. Ellos no valoran el tiempo que deben dedicar a notarios, escrituras, fontaneros, comunidades de propietarios, limpiezas de piso, amueblarlos, viajar los fines de semana a la playa o a la montaña para ver si su preciada posesión se encuentra en perfectas condiciones o se ha inundado debido a las pasadas lluvias. Ser o tener siempre ha sido el dilema de hombre en nuestra sociedad. Hoy el ser está devaluado, su índice ha perdido muchos enteros. ¡Buena época para invertir!

Zaragoza, 25.07.18

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