miércoles, 4 de mayo de 2016

Imaginar la sociedad ideal

Traten de imaginar una sociedad ideal: comodidades norteamericanas, cultura europea, clima caribeño, maneras asiáticas, alegría africana… y sin hombres, salvo usted. O, en caso de permitir la entrada a seres de su mismo género, despojarles de todo vestigio de pecado original. Porque sin un original no hay copias, sin un primer pecado, canonizado por el arbitrio religioso, no habría pecados. Así, además, eliminamos la nostalgia del pecado, que es quizá el pecado mayor, el principal tentador. ¿O si fuera la inocencia, esa culpa que no se reconoce como culpa, la culpa mayor? Eso intuía Octavio Paz. Pero no nos dejemos seducir por bellas palabras. Esta sociedad, donde los explotadores son capaces de contratar muertos para abaratar la mano de obra, merece otro analizador de pecados: Kafka. Para Kafka hay dos pecados humanos principales, de donde derivan todos los demás: la impaciencia y la negligencia. La impaciencia, según Kafka, fue la que causó que nos arrojaran del paraíso, y por la negligencia volveremos a él. Sí, Kafka es el sociólogo adecuado para juzgar nuestra sociedad. En sus doctrinas no hay islas que cobijen, dioses que premien o augures que descifren. Como mucho, una muchedumbre apretujada de caras, a cuyo nivel boga la barca mística. Tendríamos que plantarnos, como Thoreau, y no considerarnos miembros de una sociedad en la que no nos hayamos inscrito personalmente. Un acta de pertenecía. Sería necesario entrar de forma oficial y voluntaria en la sociedad que elijamos: la sociedad de consumo, la sociedad global, la sociedad vasca, o en cualquier otra que desee constituirse legalmente. Y fuera de ella los fronterizos, los solitarios, los inconformistas, individuos capaces de una risa de oro, para los que pertenecer es una banalidad. Porque una vez que acepta uno los principios de estas sociedades de calidad equiparable, incluso el más nimio, está atrapado. Literalmente enganchado, adicto al sistema, a cualquier sistema. Atrévete, independízate, escápate del sistema, enarbola con orgullo tu bandera de andar solos. El único pecado es ser apocado.


Zaragoza, 4 de mayo de 2016

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