miércoles, 20 de mayo de 2015

Añorada infancia

Esta foto me recuerda mi infancia. Por eso está aquí. Porque ninguna de estas personas guardan parentesco conmigo, pero podría haber sido mi familia. Es posible que ni siquiera sean españoles. Aunque lo parecen. Puede que esté tomada en Berlín, que sean judíos, o ciudadanos de Chicago. Pero me recuerda mi infancia. Yo conservo muchas fotos parecidas de cuando tenía la edad del niño de la foto. Pantalón corto, chaqueta parecida, corte de pelo similar. De paseo con mis padres y mi hermano (aquí es una chica). El mismo aire de domingo de las fotos que conservo. Sólo que mi padre me parece más joven y no solía llevar corbata y mi madre no iba de luto. Pero en aquella época todo era luto, el ambiente era luto. Eran los años cincuenta. Años tristes y en blanco y negro. Las calles, salvo unas pocas, no estaban asfaltadas. Pero paseábamos así. En la calle familias parecidas trataban de pasar el triste domingo. Yo recuerdo, o las fotos recuerdan por mí, que íbanos por la carretera, por el borde de tierra. Apenas había circulación. Sólo los muy pudientes tenían medio de locomoción privado. Imagino que esta foto traerá parecidos recuerdos a la gente de mi edad. Porque nuestra infancia, como he dicho anteriormente, es un infancia en blanco y negro. Sólo con la democracia llegó el color. No es que fuera triste (a lo mejor también), pero la recuerdo triste. Los paseos del domingo también eran tristes. Yo hubiera preferido estar jugando con los amigos. Es curioso que no recuerde, en conjunción con mi infancia, días lluviosos. Y sin embargo, haberlos, hubo. En mi juventud sí recuerdo la lluvia. Demasiada. Cansina. Aborrecible. Pero en mi infancia no hay días de lluvia. ¿Todo eran días de juego y risas? Tampoco.


Zaragoza, 20 de mayo de 2015

1 comentario:

  1. Somos millones los niños que hemos tenido unos padres similares a los de la foto, que nos llevaban a pasear o al cine los domingos, y luego, mi padre tomaba el rumbo de una pizzería, donde esperábamos felices a que nos entregaran nuestra pizza con mozzarella.Y sí llovía y como vivíamos en una calle sin asfaltar, para ir al cole nos calzábamos nuestras botas de goma, blandíamos el enorme paraguas de Papá, y al colegio. Y como si o si, a pesar del paraguas llegábamos con el cabello empapado, nos llamaban "Napoleón Bonaparte". No cualquiera!! Cordiales saludos.

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